¿Qué pintas aquí?

Pasan los años y no deja de sorprenderme lo buen idioma que es el español, con miles de expresiones que hacen que siempre encontremos una que poder usar en el momento perfecto, incluso con varias interpretaciones.

La verdad es que este relato ha sido más o menos improvisado, porque pese a ser algo que ya ocurrió hace tiempo, ha vuelto a mi mente por una de esas casualidades que a veces tiene la vida. Sigo soltero, sólo soy intenso y me hago más el intenso cuando escribo por aquí, no te preocupes.

Hablando de intensidad, debería buscar algo a lo que criticar, algo con lo que ensañarme con estos primeros párrafos antes de ir a lo que realmente quieres leer. Porque claro, debo darte una excusa con buena prosa para que no vengas aquí sólo por relatos sexuales. Te entiendo, pero hoy no voy a ayudarte.


(…)

Madrid. ¿Qué mejor ciudad? (No digas en tu mente lo que vas a decir, no estropees la imagen que tengo de ti).

Hacia sol, aunque no demasiado. Lo suficiente para ir en manga corta y estar cómodos. La verdad es que podría alargar mucho el inicio del relato, pero digamos que la conocí y empezamos a hablar de arte y de pintura. Todo muy clasista, pero no va por ahí. Le expliqué que yo de pequeño pintaba al óleo y entre unas cosas y otras ella quiso llevarme a un estudio que tenía en el centro y que utilizaba para pintar.

Era guapa, alta, tenía cuerpazo y pintaba sobre lienzo con la ayuda de cuerpo desnudo… ¿Qué esperabas que hiciera? Acabar muerto en su bañera era un riesgo que estaba dispuesto a asumir.

Llegamos al estudio y me recordó mucho al de esos de película americana con espacio de más de 3 metros hasta el techo. (Realmente ella creo que lo llamaba taller, pero a veces el uso de la palabra es importante para que nos imaginemos una cosa u otra).

El estudio se basaba en una sala gigante llena de plásticos y lienzos por todos lados. Ahora que lo pienso me recuerda a esos escenarios macabros que preparaba Dexter antes de asesinar a sus víctimas. Había una cristalera gigante formada de cuadritos de cristales traslucidos que iluminaban la sala, pero que impedían ver lo que había fuera. Os sorprendería la situación del lugar en Madrid, pero bastante estoy contando ya.

Me tenía que hacer el interesante, por lo que miré a mi alrededor. Había un lienzo gigante en el que se veía claramente que había usado partes de su cuerpo para esculpir las formas.

– ¿Cómo has hecho para hacer esas formas a esa altura del lienzo? Le pregunté mientras señalaba el cuadro.

Aquí tengo que explicarte a lo que me refería. Había un lienzo con una pintura totalmente abstracta, pero que dejaba ver cómo en el centro había unas formas que para dibujarlas tenía que haber usado sus pechos y pezones para hacerlas. No se me ocurría cómo había conseguido hacerlo a esa altura, ya que no había escaleras ni nada alrededor.


– ¿Cómo crees tú que las he hecho? Me dijo mientras sonreía y me miraba pensando que yo le estaba preguntando sobre con qué parte de su cuerpo y no el cómo.
– No me refería a con qué parte de tu cuerpo, me refiero a que no sé cómo has sido capaz de colocarte ahí para hacer esas formas sin destrozar el lienzo entero. Le dije mientras señalaba el cuadro.
– Pensé que te referías a otra cosa, dijo entre risas. Pues es más difícil de lo que parece, porque lo coloqué en el suelo y tuve que poner cojines para poder apoyarme sólo esa parte con cuidado.
– ¿Nunca has pensado en hacer un cuadro más explícito? Aquí empecé a mostrar mis cartas porque mientras lo decía se me había ocurrido algo.
– ¿A qué te refieres con explícito?
– Me refiero a que se vea claramente el cuerpo de una mujer o de un hombre. Es que creo que podrías hacer algo brutal, aunque necesitas a otra persona. Me hice el loco mirando hacia otro lado mientras decía esto último para que no viera que me estaba riendo.
– Casualmente necesito a otra persona que casualmente también va a tener que estar desnuda, ¿no? Dijo mientras se reía.
– Además vas a tener que quedar con ella durante varios días para cumplir con la idea que tengo en la cabeza, pero no creo que te interese saber lo que tengo en la cabeza.
– ¿Psicología inversa? ¿Estás usando psicología inversa conmigo? Me dijo mientras se acercaba a mí.
– ¿Oye y ese sofá? Le dije mientras señalaba un sofá que había en la sala y que no pegaba en nada. Todo eran cuadros, varias mesas, plásticos y pinturas por todos lados y luego un sofá que perfectamente puede ser igual al que tienes en tu casa para ver Netflix.
– Estaba aquí ya y como no sabía dónde meterlo, ni se podía desmontar, lo he dejado ahí.
– ¿Pero aquí vivía alguien? Pregunté extrañado.
– Sí, la puerta de la derecha según hemos entrado era el dormitorio, aunque yo ahora lo uso para guardar cosas y la cama está desmontada y apilada con el resto de cosas. La otra puerta es un baño que uso para limpiarme la pintura. ¡Eh, pero no te vas a escapar, dime qué es lo que estabas pensando!

Aquí activé mi modo telepredicador de Omaha hablando con un tono pausado y seguro de mí mismo mientras me movía por la sala haciendo movimientos raros con las manos, pero dejando un mensaje claro: vas a comprarme lo que sea que esté vendiendo.

– Mira, ¿ves ese lienzo grande que tienes sin empezar? Le pregunté.
– Sí, dime.
– Imagínate hacer varias posturas sexuales en él.
– Pe…
– No me cortes, espera hasta el final. ¿No has pensado en lo brutal que quedaría que cada una de las personas fuera de un color y colocarse ahí?

Aquí se lo empecé a explicar más en detalle.

– Imagina a la mujer manchada de un color naranja suave, haciendo la forma de su espalda, de su culo. Quedaría algo así como la marca de sus hombros y su culo en un tono naranja suave. Después sus pechos en un color naranja más fuerte y la otra parte lo mismo. Quedaría algo así como la forma de un reloj de arena.

Ella me miraba y podía ver que le gustaba la idea, pero no le acababa de convencer.

– Espera, que falta lo mejor.
– Sigue por favor, estoy expectante, dijo sonriendo, pero mirándome de reojo.
– Sí, sé que tengo mucha labia, pero no voy por ahí. Sígueme en este viaje.
– Te sigo.
– Pues imagina ese cuerpo de mujer y ahora el cuerpo de un hombre, algo más cuadrado, sin menos curvas y en color azul o verde. Taparía el cuerpo de la mujer y se mezclaría en alguna de esas partes, siendo ese azul más intenso en las zonas más íntimas. Se vería claramente el cuerpo de un hombre encima del de una mujer. Luego sería hacer lo mismo por las otras zonas del lienzo, pero en otras posturas. Quizá aquí…

– Me…
– ¿Has dicho algo? Le pregunté.
– Nada, nada, sigue.
– Por favor, sé profesional y controla tus instintos, le dije mientras me reía.
– ¿Sabes lo peor? Que quiero hacer ese cuadro.
– Hagámoslo, le dije mientras me acercaba a ella.

Al acercarme usé mi dedo gordo de la mano derecha para tocar su labio inferior y mirarle a los ojos. Estábamos en ese estado que estás cuando te apetece muchísimo follarte a alguien y que encima te da un morbo que no puedes casi ni controlar. Ese estado en el que curiosamente quieres follarte tanto a esa persona por el morbo que te da, que no te lo follas. Sólo quieres alargar ese morbo, luchar contra tu mente y tu cuerpo a ver cuánto eres capaz de aguantar antes de que todo explote.

– Tenemos que desnudarnos si quieres que hagamos el cuadro, me dijo mientras se mordía el labio.

La temperatura de la habitación había subido varios grados, estoy seguro de ello. Habíamos entrado en un estado en el que todo daba igual, sólo había que seguir fluyendo.

Me acerqué a su boca y mis labios empezaron a jugar con los suyos, a presionarlos saboreando su sabor mientras mi lengua buscaba la suya. Me empezó a pegar algunos mordiscos en el labio inferior y se alejó de mí.

– No sé si voy a poder aguantar, me dijo.
– A veces hay que aguantar para que todo sea mucho más especial, le dije mientras me acercaba de nuevo.

Cogí de los tirantes de su vestido y ella me ayudó para quitárselo por completo. Lo mismo con el sujetador. Ahora sólo tenía el tanga entre nosotros, aunque yo aún estaba totalmente vestido.

Puse mi dedo índice en su labio superior y lo baje a su labio inferior, después seguí su barbilla y bajé rozando la yema del dedo por su cuello hasta rodear uno de sus pezones, luego el otro. Me acerqué, le agarré cada una de sus tetas con una de mis manos y se las empecé a comer. Mi lengua hacia giros imposibles en sus pezones y por todo su pecho.

Túmbate, le dije mientras le señalaba un plástico en el suelo. Ella se tumbó abriendo las piernas.
Como un soldado pasando por las trincheras me tumbé en el suelo y fui besando sus piernas desde los tobillos, hasta llegar al interior de sus muslos. Después agarré su tanga a la altura de sus caderas y se lo deslicé hasta sacárselo por los pies.

– Ahora te toca a ti, tienes que quitarte la ropa, me dijo con voz de no saber ni dónde estaba.

Me acerqué y seguí la misma técnica, besando sus tobillos, sus gemelos, pero… Cuando ella esperaba los besos en el interior de sus muslos me lancé a comérselo. Agarré sus piernas con mis brazos para que no se moviera y mi lengua empezó a hacer el trabajo. Ella rápidamente empezó a retorcerse de placer y sus manos ahora estaban sobre mi cabeza.
Mi lengua jugaba con su clítoris, daba vueltas alrededor de él como si formara un torbellino y al llegar lo presionaba unos segundos y lo soltaba. Solté uno de mis brazos y empecé a masturbarle con dos dedos mientras mi lengua y toda mi boca seguía haciendo su trabajo.

Alejé un poco mi cabeza y empecé a masturbarle sólo con mis dedos mientras la miraba. No paraba de retorcer su espalda y mis dedos cada vez estaban más mojados, pero…

– Bueno, me toca desnudarme a mí, le dije mientras paraba todo lo que le estaba haciendo y me ponía de pie.
– Te voy a matar, dijo entre risas.
– Es lo primero que pensé al entrar a este sitio, que ibas a matarme.
– Aún no estás a salvo, me respondió.
– Entonces intentaré que antes de llegar el momento de mi muerte me dé tiempo a plasmar mis últimos suspiros de placer en el lienzo que tenemos al lado.
– Qué intensito te ha quedado, me dijo entre risas.

Se levantó y se puso a mi lado. Tenía un cuerpo espectacular, con el pelo en un moño que dejaba su cuello libre para poder disfrutar de él, tanto con mi boca, como con mi vista. Era alta y tenía unas tetas sencillamente espectaculares, pese ser yo más fan de los culos debo decir que era totalmente impresionante toda ella.

Me quitó la camiseta mientras no paraba de mirarme los ojos y la boca. Empezó a pasar la punta de sus dedos por mi pecho y se puso de rodillas. Desabrochó mi cinturón y sin casi darme tiempo a reaccionar ya me había bajado el pantalón junto con los bóxers a la altura de mis rodillas.

La tenía durísima, probablemente desde el momento en el que la vi completamente desnuda esperando que mi boca probase los labios que no pertenecían a su boca. Aunque fue su boca lo que me empezó a volver loco.

Me la recorrí desde abajo hasta la punta con la lengua, muy despacio, todo muy visual. Una vez llegó a la punta se la metió en la boca y me la empezó a apretar entre sus labios, a jugar con su lengua. Podía notar su saliva, el calor de su lengua, el tacto de ésta mientras tenía mi polla en la boca. Me costaba pensar con claridad, me costaba muchísimo acordarme de que íbamos a pintar un cuadro y de que esto no iba a pasar de un par de minutos de una mamada, no podía ser.

Siguió apretándomela entre sus labios, sacándosela y metiéndosela de nuevo en la boca. Puse mi mano sobre su cabeza y tuve verdaderos impulsos en poner la otra y mientras le agarraba la cara follarme su boca hasta no poder más, pero me contuve. Mire hacia un lado, fijándome en una de las mesas que había.

– ¿No te está gustando? Me dijo mientras seguía deslizando su lengua por toda mi polla.
– ¿Por qué dices eso? ¿Tiene pinta de que no me esté encantando? Le pregunté.
– Estás mirando para otro lado, mírame a mí.
– Estoy mirando la mesa en la que te voy a follar después. Lo voy a hacer tan fuerte que vas a hacer saltar la cristalera con tus chillidos.

Fue escuchar eso y empezar a devorarme la polla mientras gemía. Me estaba volviendo loco yo ya tenía mis dos manos sobre su cabeza. Eso sí, ahora no paraba de mirarla, no quería perderme ni un cruce de miradas. No quería no ver cómo se metía mi polla en su boca una y otra vez. Cómo su lengua me la recorría. Todo esto mientras gemía para sí misma.

Le agarré de la barbilla e hice que se levantara, a lo que ella fue directamente a comerme la boca mientras con una mano me la agarraba y me masturbaba.

– Vamos a hacer el cuadro, después nos pasamos todo el día follando sobre todas las mesas, contra todas las paredes y sobre cualquier superficie que haya en este sitio, le dije mientras me tenía que contener para no cogerla en brazos y follármela sobre aquella mesa que había visto al principio.

No sé cómo, pero lo conseguimos. Empezamos a recoger las pinturas necesarias, a colocar unos tablones bajo el lienzo y ella llevó nuestra ropa a un apartado fuera del alcance de la pintura, además puso plástico por encima. La verdad es que no sé qué esperaba que hiciéramos para tener que tapar la ropa que estaba a bastantes metros de nosotros. Mientras colocábamos todo y nos cruzábamos por la sala parábamos a comernos la boca, ella a morderme el cuello, yo a comerle una teta y seguíamos con lo nuestro. El resultado es que mi polla seguía dura. ¿Qué coño estás haciendo? Supongo que se preguntaría.

(…)


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