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Placer y Mermelada

Lucha.

Lucho por la felicidad, pero peor aún, lucho por la felicidad de los demás. Tengo un chaleco antibalas que me permite parar los tiros que van hacia otros. ¿Sabéis lo malo de parar las balas? Lo peor de todo, sin lugar a dudas, es haber parado balas a gente que no se lo merecía y darte cuenta después de hacerlo.
Muchas veces me pregunto si es tan difícil encontrar a alguien con una personalidad parecida a la mía, pagaría por encontrar a alguien así, incluso con mis puñetazos de impotencia contra la pared, mis enfados, mis gritos y cualquier otra cosa que pueda considerarse un fallo.

 

Es duro enamorarte de alguien y verle tantos fallos, ver lo manipulable que es, ver cómo la manejan, ver las tonterías que hace por llamar la atención, ver que la madurez que pensabas que tenía se ha ido junto con lo que una vez fue. Es duro, muy duro parar tantas balas, tener el pecho destrozado de tanto golpe y entonces, cuando estás tirado en el suelo hecho polvo, ver que nada mereció la pena.

Lo malo no es haber parado tanta bala contra ella, lo malo es haber parado mucha bala imaginaría, balas que sabía de qué pistola venían y a las que puse nombre y apellidos. Lo peor de todo de esas balas imaginarias es habérmelas creído y por culpa de eso haberme alejado de tantísima gente interesante, una pena, pero hay que asumir nuestros errores.

Felicidad, decía, lucho por ella, decía.

Luchar:
1. intr. Dicho de dos personas: Contender a brazo partido.
2. intr. Pelear, combatir.
3. intr. Disputar, bregar, abrirse paso en la vida.

Abrirse paso en la vida… ¡Luchad! No dejéis que otro luche por vuestra felicidad, buscad lo que realmente os hace felices y no lo que otros quieren para vosotros, no cambiéis de opinión demostrando que la poca dignidad que teníais la habéis tirado por la borda. ¡Luchad por lo que queréis!

La felicidad no es más que esas gafas que te pasas toda la mañana buscando antes de salir a la calle y que luego resulta que durante todo ese tiempo las llevabas encima de tu cabeza. Es todo tan fácil, tan sencillo, que a veces nos queremos complicar la vida para no sé muy bien qué.

Sólo teníamos que comer, follar y dormir como el resto de animales y mirad cómo hemos acabado.
De nuevo Madrid.

Cada día, antes de ir al gimnasio, se acercaba a mi casa, la mayoría de veces acababa haciendo ejercicio conmigo, en muchas ocasiones pensé que le encantaba ponerme cachondo vistiendo con unos leggins y una camiseta ajustada. ¿Se podía estar más buena? Cada vez que venía a mi casa vestida así, era incapaz de pensar que alguien pudiese ponerme más cachondo que ella.

Os pongo en situación:

Zapatillas, leggings de color gris que marcaban su estupendo culo y sus largas piernas, camiseta de tirantes deportiva ajustada, coleta atrás dejando a la luz su apetecible cuello, flequillo, ojos verdes y labios carnosos.

¿Qué por qué la dejé escapar? Bueno, en la vida no todo es un físico impresionante, al fin y al cabo cuando pasan los meses eso ya es lo de menos, hay que buscar a alguien que nos llene, que encaje con nosotros y lo más importante, tenemos que enamorarnos de esa persona sin fijarnos en el resto. Tal vez, como ya dije en otro relato, me equivoqué en no luchar más, pero en la vida cometemos muchos errores, no pasa nada.

Hero: Parece que te gusta ponerme cachondo viniendo vestida así en lugar de cambiarte en el gimnasio, le dije mientras le abría la puerta para que entrase y nos dábamos un beso.
X:  Me gusta recordarte que quien más cachondo te pone soy yo.
Hero: Entonces no vayas tampoco hoy al gimnasio y quédate para recordármelo.
X: Tengo clase de spinning, no puedo faltar, que en toda esta semana no he ido aún.
Hero: Prefieres ir a spinning a que te coma el coño, ¿dónde me deja a mí eso? Le dije entre risas.
X: Tú me puedes comer el coño cualquier día de la semana, a spinning sólo puedo ir hoy y los viernes.
Ambos nos sentamos en el sofá, estaba demasiado cariñoso hoy, empecé a jugar con su pelo y a acariciar su cuello.
X: Me tengo que ir ya, que al final no llego, me dijo mientras se levantaba y me daba un beso de despedida.
Hero: ¿Y si no dejo que te vayas? Le dije mientras aún sentado, le agarraba y hacía que cayese sobre mí.

Empecé a mordisquearle el labio inferior, tirando hacia mí.

Hero: No te vayas.
X: Vas a hacer que llegue tarde.

Tiré de ella y le hice girar en el sofá, quedando ella tumbada y yo sobre ella.

X: Va, por favor. Me decía mientras empujaba mi pecho para que me quitase de encima.

Yo accedí y me levanté. Me puse de pie, a su lado, le agarré la cintura y le empecé a comer la boca. No había nada de ternura en mis besos, le estaba devorando, mi lengua arrastraba al a suya y cada vez eran besos más guarros.
X: Te odio, me decía mientras yo empecé a besar su cuello.
Hero: Quédate.
X: No he ido en toda la sema… Se le cortó la voz cuando mi mano le empezó a frotar el coño a través de los leggings.
Hero: Dime que no tienes ganas de que te meta la polla, le dije mientras no paraba de frotarle el coño y hacerla gemir.
X: Claro que tengo ganas, pero debería ir… Dijo entre resoplando y gimiendo a la vez.

Empujé de ella, andando de espaldas hacia el sofá, a lo que yo me quedé sentado y ella sobre mí, con sus piernas abrazadas a mi cadera.

X: Siempre me haces lo mismo.

Hero: Venir con leggings tiene sus consecuencias, vamos a la cama anda.

Le agarré de la mano y la llevé a mi habitación.

X: No me apetece lento, me dijo mordiéndose el labio y entre risas.

 

–Hero